Una frase que escucho seguido: "Ponele también la versión en inglés, por las dudas". Suena razonable. Pero una web en dos idiomas no es un botón que se agrega al final: es una segunda web, con sus textos, sus fotos, sus datos y su mantenimiento.
A veces vale cada hora de trabajo y a veces es un gasto que nadie usa. En este artículo te cuento cómo distinguir un caso del otro, cómo se arma bien y qué conviene cuidar para que las dos versiones no se vayan desordenando con el tiempo.
Empezá por el visitante, no por el idioma
La pregunta no es "¿quiero una web en inglés?". La pregunta es: ¿hay personas que hoy no me pueden comprar o consultar porque no leen español? Si la respuesta es sí y podés ponerles nombre y apellido, seguí leyendo. Si la respuesta es "capaz que alguno entra", todavía no.
Un buen ejercicio: revisá tus últimas consultas. ¿Hubo mensajes en otro idioma? ¿Alguien preguntó si atendés a extranjeros? ¿Tenés clientes que viajan o que compran para llevar afuera? Eso vale más que cualquier intuición.
Cuándo sí tiene sentido
Los casos donde veo que la segunda versión se paga sola tienen algo en común: el cliente tiene un motivo concreto para llegar desde afuera.
- Turismo: cabañas en la Patagonia, una bodega con visitas en Mendoza, un guía de pesca en Corrientes. Quien planifica un viaje busca en su idioma y desconfía de lo que no entiende.
- Exportación: un taller que fabrica maquinaria agrícola o una fábrica de alimentos regionales que vende a otros países. El comprador necesita ficha técnica, condiciones y contacto sin traductor.
- Servicios para extranjeros que viven acá: un estudio contable o un traductor público que atiende a residentes, o una inmobiliaria que alquila a personas que llegan por trabajo.
También trabajé en una web pensada para el mercado estadounidense. Ahí el inglés no era un agregado: era el idioma principal, y los textos se pensaron desde cero para ese lector, con su forma de preguntar y de comparar.
Cuándo no conviene
Una peluquería de barrio, un kiosco o una veterinaria que atiende a vecinos no necesitan una versión en inglés. Lo que sí necesitan es que la versión en español esté impecable. Duplicar el trabajo sin visitantes que lo aprovechen es plata y tiempo que rinden más en otra cosa, por ejemplo en una ficha de Google bien cuidada.
Y una regla práctica: si no podés atender una consulta en ese idioma, no ofrezcas la web en ese idioma. Una persona que escribe en inglés y recibe respuesta en español al tercer día se va peor que si nunca hubiera encontrado la versión traducida.
Traducir no es pasar el texto por un traductor
Los traductores automáticos son una buena ayuda para entender un borrador, pero publicar su resultado sin revisión se nota. Quedan frases correctas pero raras, nombres de servicios traducidos de más y expresiones locales que no significan nada afuera.
Una web traducida a las apuradas le dice al visitante extranjero lo contrario de lo que querías: que a vos no te importa que lo entienda.
Lo que recomiendo: escribir bien el original, traducirlo con ayuda de una herramienta o de una persona, y que lo revise alguien que hable el idioma de verdad, preferentemente alguien que conozca tu rubro. Un guía de turismo tiene que decir "trekking" y "refugio" como los dice un viajero, no como los dice un diccionario.
Una dirección por idioma y un selector que se vea
Técnicamente, lo más prolijo es que cada idioma tenga su propia dirección: por ejemplo /en/ para el inglés, con las mismas páginas que el español y la misma estructura. Así Google entiende que son versiones de lo mismo y no las toma como contenido repetido.
El selector de idioma tiene que estar a la vista, arriba, y el nombre del idioma se escribe en ese idioma ("English", "Español"), no con una bandera. Una bandera representa un país, no un idioma, y quien viaja desde Brasil o desde España no se siente reflejado en la del Reino Unido.
No cambies el idioma solo porque el navegador del visitante esté en otro: ofrecé la opción, pero dejá que la persona elija. Y si ya tenés una web en español posicionada, sumar la otra versión no debería mover las direcciones actuales. Si hay que reorganizar algo, repasá lo que cuento en cómo migrar una web sin perder posicionamiento.
Qué se traduce y qué se adapta
Hay cosas que no se traducen, se adaptan:
- Teléfono y WhatsApp con código de país, para que se pueda llamar desde afuera.
- Moneda y unidades: aclarar en qué moneda se cobra y, si corresponde, pasar medidas a las que usa el lector.
- Horarios: si atendés turistas, aclarar la zona horaria o que son horarios de Argentina.
- Cómo llegar: quien viene de afuera no conoce la ruta ni el barrio; sumá referencias que entienda.
- Formularios y mails automáticos: si el formulario está en inglés y la confirmación llega en español, la experiencia se rompe a mitad de camino.
- Textos legales: términos, políticas de cambio y privacidad también tienen que estar disponibles en cada idioma.
Y hay contenido que conviene dejar solo en español: una nota del blog sobre un trámite local no le sirve a nadie en inglés. Traducir todo por completitud agrega trabajo y no suma visitantes.
El costo que casi nadie cuenta: mantener dos webs
Cada vez que cambia un precio, un horario o una promoción, hay que cambiarlo en las dos versiones. Si no, el visitante extranjero ve información vieja y se siente engañado. Por eso, antes de arrancar, definí quién va a mantener cada idioma y cómo se entera de los cambios.
Una forma de achicar el problema es traducir menos páginas pero mejor: la portada, los servicios o productos, cómo llegar, las preguntas frecuentes y el contacto. Alcanza con eso para que alguien confíe y consulte. Sumá el resto cuando veas que se usa. Y dejá escrito en el repaso mensual de la web que hay que mirar las dos versiones.
Preguntas frecuentes
¿Con una versión en inglés ya aparezco en Google de otros países?
No es automático. La versión en otro idioma te da la posibilidad de aparecer, pero también depende de que el contenido sea útil y esté bien armado. No prometo posiciones: lo que sí puedo asegurar es que, sin la versión, esas búsquedas no te encuentran.
¿Puedo empezar con unas pocas páginas y sumar después?
Sí, y es lo que más recomiendo. Con la portada, los servicios, el contacto y la forma de llegar ya se puede atender a un visitante extranjero. Lo importante es que la estructura esté pensada desde el principio para sumar idiomas sin rehacer nada.
¿Es lo mismo que un plugin que traduce la web en el momento?
No. Esos sistemas traducen al vuelo y no dejan que revises ni corrijas cada frase. Sirven para salir del paso, pero para un negocio que depende de la confianza del visitante prefiero textos revisados.
¿Y si quiero un tercer idioma, como portugués?
Si la web está bien armada para dos idiomas, sumar un tercero es más simple, pero el trabajo de redacción, revisión y mantenimiento se repite. Hacelo cuando tengas visitantes o clientes de ese idioma, no antes.
Si tenés un negocio con visitantes o compradores de otros países, contame cómo te llegan hoy y vemos si conviene una segunda versión. Podés mirar antes los sitios que ya armé.
Consultame por tu webDesarrollador web & diseñador en Buenos Aires. Trabajo solo: quien escribe esto es quien programa tu sitio. Conocé más sobre mí.