Casi todos los dueños de una web tienen la misma respuesta cuando pregunto por la política de privacidad: "Ah, sí, tengo que poner eso". Lo dicen como quien recuerda que le falta renovar el seguro. La dejan para después y el después no llega, mientras la web sigue juntando nombres, teléfonos y mails todos los días.
No soy abogado y esto no es asesoramiento legal. Es una guía práctica, desde el lado de quien arma las webs, sobre qué datos junta una página, qué conviene explicarles a las personas y dónde mostrarlo. La redacción final conviene validarla con un profesional que conozca la normativa de protección de datos personales de Argentina.
Qué datos junta tu web sin que te des cuenta
Antes de escribir una sola línea, hacé el inventario. Recorré tu web como si fueras un visitante y anotá cada lugar donde algo se registra:
- Formularios: nombre, mail, teléfono y el mensaje que escribe la persona. Si es un formulario de turnos o de presupuestos, a veces también hay datos del negocio o de la salud.
- Chat y botones de WhatsApp: quien escribe deja su número y lo que cuenta.
- Estadísticas: las herramientas de medición registran visitas, páginas vistas y desde dónde llegó cada persona. Qué mirar y qué ignorar lo conté en las métricas que sí te sirven.
- Contenido de terceros: un mapa incrustado, un video o un botón de redes sociales pueden dejar sus propias cookies aunque vos no las hayas pedido.
- Suscripciones: si juntás mails para enviar novedades, ese permiso es un dato más, y la lista propia que te conviene armar está explicada en email marketing para pymes.
Con la lista en la mano ya tenés la mitad del trabajo hecho, porque la política no es más que contar eso mismo en orden.
Lo que una política tiene que explicar
No hace falta un texto de veinte páginas. Hace falta que responda seis preguntas, en este orden:
- Quién es el responsable: el nombre del negocio o de la persona y un mail de contacto real.
- Qué datos se recogen: los de la lista que acabás de armar, uno por uno.
- Para qué se usan: responder consultas, dar turnos, enviar un mail pactado, medir cuántas personas visitan la web.
- Quién los ve: vos, tu equipo y los proveedores que intervienen, como el hosting o la herramienta de mails.
- Cuánto tiempo se guardan: un criterio razonable, aunque sea "mientras dure la relación con el cliente".
- Cómo pedir que los corrijan o los borren: un mail o un formulario, y quién lo atiende.
Si no sabés qué responder en alguno de esos puntos, esa es la señal de que hay que ordenar el negocio antes que el texto.
Escribila como le hablarías a un cliente
Las políticas suelen leerse como contratos de seguros, y por eso nadie las lee. Probá con frases directas. Por ejemplo: "Cuando completás el formulario de contacto, tu nombre, tu mail y tu mensaje quedan guardados solo para poder responderte. No se comparten con nadie ni se usan para otra cosa. Si querés que se borren, escribí a este mail y se borran."
Ese párrafo dice qué, para qué, quién y cómo salir, en cuatro frases. Dejá los términos más formales para una sección final, pensada para quien necesite el detalle. Y no copies la política de otra web: describe otros datos, otras herramientas y a veces otro país, y si algo no coincide con lo que tu sitio hace de verdad, es peor que no tener nada.
El aviso de cookies: cuándo, cómo y con qué honestidad
Una cookie es un archivito que la web deja en el navegador para recordar algo. Algunas son imprescindibles (que no se pierda lo que hay en el carrito) y otras son de medición o publicidad. En general, el aviso se justifica cuando usás las segundas, o cuando incrustás contenido que las instala.
Si decidís poner el aviso, que sea honesto:
- Que explique en una línea para qué se usan.
- Que tenga un botón para aceptar y otro, igual de visible, para rechazar o elegir.
- Que, si la persona rechaza, la web efectivamente no cargue esas herramientas.
- Que se pueda cambiar la elección más tarde, desde un link en el pie.
Un aviso que dice "usamos cookies" con un solo botón de "Entendido" es decoración, no un permiso real. Y si tu web no usa herramientas de medición ni contenido de terceros, quizás no necesites ningún aviso; consultalo con quien te asesore en lo legal.
La mejor política de privacidad es la que describe lo que tu web hace de verdad, en palabras que entienda quien te dejó sus datos.
Dónde poner los links
Una política perdida en un menú que nadie abre no cumple su función. Los lugares que importan:
- El pie de página, en todas las páginas, junto a los datos del negocio.
- Debajo de cada formulario, con una frase como "Al enviar aceptás que tus datos se usen para responderte. Más información en la política de privacidad". Si pedís el consentimiento con una casilla, que venga sin tildar.
- El chat y el aviso de cookies, con un acceso directo al texto completo.
Cuidar los datos es parte de lo mismo
Prometer en un texto que los datos están protegidos sin que lo estén es un problema mayor que no decir nada. Revisá que el sitio use HTTPS, que las copias de seguridad no queden a la vista y que solo entren al panel las personas que corresponde. El repaso completo está en seguridad web: diez cosas imprescindibles. Si usás herramientas de IA con datos de clientes, mirá antes qué no tenés que pegar en un chat.
Y poné una fecha de última actualización en el texto. Cada vez que sumes una herramienta (un chat, un pixel de publicidad, un nuevo formulario), volvé al documento y agregala.
Preguntas frecuentes
¿Una web chica de un comercio de barrio necesita política de privacidad?
Si tiene un formulario, un chat o estadísticas, está recogiendo datos de personas, así que conviene tenerla. No hace falta que sea larga: alcanza con explicar con claridad qué se guarda y para qué.
¿Puedo copiar la política de otro sitio?
No es buena idea. Cada web recoge datos distintos y usa herramientas distintas, y un texto copiado puede prometer cosas que vos no hacés o callar cosas que sí hacés. Usalo a lo sumo como ejemplo de estructura.
¿Qué pasa si alguien me pide que borre sus datos?
Conviene tener definido de antemano quién recibe el pedido, dónde buscar esa información (formularios, planilla de contactos, lista de mails) y cuánto tardás en responder. Anotá cada pedido y lo que hiciste.
¿Quién tiene que revisar el texto final?
Un abogado o un profesional que conozca la normativa vigente. Yo puedo ayudarte a relevar qué datos junta la web y a ubicar los avisos en el lugar correcto, pero el texto legal es cosa de ellos.
Si querés revisar qué datos junta tu web y dejar los avisos bien ubicados, mandame tu dirección y lo vemos.
Revisemos mi webDesarrollador web & diseñador en Buenos Aires. Trabajo solo: quien escribe esto es quien programa tu sitio. Conocé más sobre mí.